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Análisis 1
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#10
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Acción/Combate
Treyarch
ATVI BLIZZARD
ACTIVISION
08/11/2010
Varios Jugadores
Si
62,98
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Amazon
Creación:
28/04/2011
Gaia109
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pope
@1.
pope, Hace 3210 días.
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Desde un primer momento, en Black Ops hay pistas que indican las ganas de diferenciarse que tiene del anterior equipo de desarrollo (infinity ward). Algunos cambios son anecdóticos, como el mostrar la cara del protagonista o renunciar a la primera persona, por unos segundos, durante algunas escenas. Otros, como la importancia que adquiere y la forma en que se presenta el hilo que une las misiones o la ausencia de tutorial, son más significativos.

Los nuevos elementos de la trama resultan interesantes, como mínimo hasta el previsible y mejorable desenlace, y sirven para poder seguir un poco mejor una historia con un reparto de papeles menos equitativo que de costumbre. Alex Mason ha tenido una vida lo bastante compleja y jodida como para que el Call of Duty más variado a nivel de ubicaciones espacio-temporales lo sea sobre todo a partir de sus experiencias.

Los sesenta se destapan como una década magnífica para los intereses del título y la dirección artística acompaña como siempre (acierto con el rollo encubierto y los tachones del rotulador negro). En ese sentido se toman acertadas licencias, nunca mejor dicho, como el uso de geniales y conocidas canciones; eclipsan a unos temas originales no muy inspirados, pero no se puede renunciar al rock and roll cuando hay Viet Cong de por medio.

El pequeño bar en La Habana donde empieza la aventura no parece, como decía, el mejor sitio para un adiestramiento militar. No lo es. Black Ops, de forma muy coherente con la filosofia de la franquicia, tiene prisa por empezar y, qué coño, todo el mundo sabe ya jugar a un Call of Duty... aunque no lo haya hecho nunca. La mayoría de FPS le han copiado el control, aunque ninguno ha podido emular su suavidad y las sensaciones que produce. Tal vez sea más complejo que eso, a decir verdad: nadie ha conseguido que esas sensaciones sean tan auténticas, que el precio a pagar parezca tan justificado y que las decisiones de diseño dudosas brillen como virtudes incuestionables.

Adivinar que este Call of Duty no es de Infinity Ward solo resulta fácil en sus peores momentos: el final, las trincheras en Vietnam —con su reaparición del molesto respawn hasta que descubres qué debes hacer— o el retorno a una época y unas armas que todos queremos dejar atrás. Pero los buenos tramos son mayoría y ahí lo normal es dudar; a cualquiera le habría gustado firmar la primera mitad de la tercera misión o "Victor Charlie" de principio a fin, con un desarrollo que alterna sigilo, tiroteos bien llevados y momentazos varios de forma ejemplar.

La que más sorprende es el nuevo sistema de Puntos COD, que vienen a ser como dinero... virtual, claro. Los conocidos puntos de experiencia siguen ahí y permiten de nuevo subir de nivel para ir desbloqueando el arsenal y los modos de juego. Sin embargo, una vez podamos crear una clase con el FAMAS, por ejemplo, ya no habrá que cumplir ciertos requisitos para obtener sus accesorios; silenciador, miras de todo tipo, lanzagranadas, lanzallamas y demás estarán ya disponibles, pero habrá que comprarlos. ¿Y cómo se consigue más pasta? Pues subiendo de nivel, cumpliendo contratos, que vienen a ser como desafíos con límite de tiempo, o participando en partidas de apuesta, enfrentamientos con condiciones y objetivos especiales —como eliminar a 20 enemigos con 20 armas distintas, que van aparenciendo ordenadamente en nuestras manos tras cada muerte— en los que todo el mundo pone una cantidad en el bote que se reparten los tres primeros clasificados.

Un cambio como cualquier otro, que ni mejora ni empeora las cosas, y que se puede ver como un intento por aportar más opciones de personalización desde las primeras partidas online.

Me fastidia, en cambio, que las escopetas vuelvan a ser armas principales; en Modern Warfare 2 basaba mi juego en el hecho de saber que tenía una fiel shotgun como plan B en todo momento.

Pero no deja de ser un detalle dentro de un mundo totalmente familiar, adictivo, pensado al milímetro, lleno de posibilidades y casi eterno, donde el diseño de mapas y el comportamiento de las armas acompaña mucho más que en World at War.

Y sí, sigue habiendo demasiada gente demasiado buena acertando con headshots imposibles. Y sí, uno llega a cabrearse. Pero aquellos que se identifican más con la frustración pura que con la rabieta ocasional tienen ahora bots. Bots que por alguna razón requieren que estemos conectados a Internet —lo de la experiencia y demás no es excusa, porque la progresión es independiente en este modo—, pero bots al fin y al cabo, de dificultad configurable y supongo que útiles para ir aprendiendo.

Black Ops supone también el estreno de un modo Cine para editar y compartir ediciones, dando al concepto de Comunidad la importancia que merece en un título de estas características.

Y vuelven los Zombies, claro; las oleadas de muertos vivientes no me engancharon en su anterior aparición y dudo que lo acaben haciendo aquí, pero tres mapas, la posibilidad de jugar en cooperativo con tres coleguillas más y Nixon como personaje jugable se lo ponen más fácil. No deja de ser un añadido, pero yo creo que las Operaciones Especiales marcaban un camino más interesante.

Esta cantidad de alternativas contrasta, casi se me olvida, con una localización tremendamente rígida; en castellano por cojones, con un doblaje que apenas pasa de correcto y una edición de sonido malísima. Los repentinos cambios de volumen y las voces distorsionadas en exceso serían un problema poco grave si se pudieran activar subtítulos, pero no se puede.


En conclusión, no todas las novedades son acertadas y el exceso de orgullo le juega algunas malas pasadas a Treyarch: falta una fase en la que francotirear —la maravillosa misión en Pripyat debe ser considerada una seña de indentidad de la saga, no de uno u otro estudio—, su obsesión por los vehículos se traduce en un par de momentos que no dan la talla y cambiar la bomba nuclear por los perros en el multi es una tontería. En cualquier caso, han sido lo bastante hábiles como para compensar la evidente diferencia de talento con horas de trabajo para crear un producto más que completo, tapar agujerillos como el tema de las repeticiones, potenciar guiños y extras y pensar un poco más en los usuarios de PC.

Está a la sombra de sus superior antecesor, sí, pero Black Ops no deja de ser un juego excelente y meritorio: todos nos preguntamos cúando se hará verdaderamente necesario un nuevo punto de inflexión como lo fue Modern Warfare y no era para nada fácil prorrogar la respuesta con tanto acierto.
 

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